viernes, 8 de julio de 2011

Calidad de Vida con Vih

Los tratamientos antirretrovirales contra el VIH han representado un gran avance en el control de la infección. Hace unos pocos años parecía que lo único que lograba la medicación era retardar el proceso de la infección, pero hoy los fármacos permiten un control real de la infección –siempre y cuando se tomen a tiempo y adecuadamente- y, con ello, una vida saludable.

¿Cuándo empezar el tratamiento antirretroviral?


Todos los que vivimos con VIH alguna vez enfrentamos el dilema de decidir tomar o no medicamentos antirretrovirales. Junto con este dilema vienen otros cuestionamientos importantes: ¿a qué médico debo consultar?, ¿cuál es el mejor momento para iniciar el tratamiento?, ¿con qué medicamentos debo empezar?, ¿cuánto tiempo durará su efectividad?, ¿qué pasará si tengo efectos colaterales adversos?, ¿qué debo hacer si resulto alérgico a algunos de los medicamentos? y ¿con qué dinero voy a pagar los medicamentos? Muchas de estas interrogantes aún no tienen una respuesta concreta; además, la tendencia de la mayoría de los médicos expertos en VIH/sida es respetar la decisión del individuo con VIH y esperar a que el paciente se comprometa a seguir al pie de la letra las indicaciones: ingerir las dosis exactas en los horarios señalados y respetar las restricciones alimenticias. También es importante que cuente con la información y habilidades necesarias para contrarrestar los posibles efectos colaterales adversos. Sin embargo, la pregunta más importante es: ¿cuándo empezar el tratamiento? De acuerdo con las Guías Federales de Tratamiento Antirretroviral (de Estados Unidos), los beneficios de empezar el tratamiento en fases tempranas podrían ser: reducir la cantidad del virus en la sangre; disminuir la velocidad de progresión de la enfermedad al mismo tiempo que reducir las posibilidades de mutaciones del virus que le podrían conferir resistencia a los medicamentos; prolongar la vida;. reducir la posibilidad de aparición de efectos tóxicos de los medicamentos; prevenir el daño progresivo al sistema inmune y conducir a su reconstitución y posiblemente reducir las probabilidades de transmisión del virus a otras personas (no confirmado científicamente). En cuanto a los riesgos, las mismas guías consideran los siguientes: reducción de la calidad de vida debido a los efectos colaterales (náusea, diarrea, nefrolitiasis, toxicidad en el sistema nervioso central); desarrollo de resistencia del virus a los medicamentos; transmisión de un virus resistente a otras personas; reducción de futuras opciones de tratamiento por resistencia cruzada y el riesgo de efectos colaterales adversos de largo plazo (hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, síndromes de redistribución de grasa corporal, diabetes mellitus, osteoporosis y toxicidad mitocondrial). Las Guías recomiendan tratamiento antirretroviral a pacientes sintomáticos, pacientes en fase de infección primaria (recientemente infectados) y pacientes asintomáticos con conteos de CD4 menores de 350 y carga viral de más de 30 mil copias/ml. Un factor de éxito es atenderse con un médico experto en este campo. Antes de tomar la decisión de iniciar un tratamiento, investiga a través de las organizaciones con trabajo en VIH/sida las opciones con que cuenta tu ciudad, y solicita orientación y apoyo en las mismas. Pero lo más importante es que la persona con VIH tome un papel pro-activo en su tratamiento, pues si bien es cierto que los quince medicamentos con los que actualmente se cuenta han traído una visión más esperanzadora del VIH/sida, éstos no funcionarán si no se siguen fielmente las indicaciones. La falta de adherencia a los tratamientos es una realidad y una de sus consecuencias es que el VIH se torna resistente a los efectos de los medicamentos. Es igualmente imprescindible que la persona con VIH modifique su estilo de vida, de tal manera que lo más importante sea su salud; para ello debe cuidar su estado nutricional, emocional y físico. La frase "quererse mucho a sí mismo" toma un significado crucial en la vida de las personas con VIH, por lo que deben desecharse los sentimientos de vergüenza y culpa. La infección por VIH tiene un riesgo universal, es decir, puede ocurrirle a cualquiera, desafortunadamente la vulnerabilidad más acentuada ocurre en aquellas poblaciones que no perciben el riesgo, en quienes no cuentan con información objetiva acerca de este problema de salud pública, en personas que consideran no tener control sobre su cuerpo, en adictos a drogas y en quienes se resisten a creer que estamos viviendo la epidemia más grande en la historia de la humanidad. 
(Tomado de Letra S número 78, enero de 2003)

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